Por dónde empezar a contar... bueno, empecemos por el principio.
Día 1. Miércoles.
Mi pretensión, llegar a ver el concierto de Vincent Van Go Go a las 15. La realidad: mi retraso habitual, pero potenciado; llegué allí a las 20:30 (nota entre paréntesis: retiro todo lo que alguna vez pueda haber dicho sobre la puntualidad de los trenes en este país - me tuvieron media hora parada en medio de ninguna parte)
Nada más llegar, en el camino a patita hasta el festival, se me acercó un danesito a preguntarme cómo se llegaba (a mí, preguntarme sobre indicaciones espaciales :D ). Le confesé que no tenía ni puñetera idea, y decidió venir conmigo a la aventura de encontrar el recinto. Resultó ser un chavalín (unos 19 años) estupendo, Carl, y me pasé hablando con él hasta las 3 de la mañana. Filosofía, linux, jazz, música electrónica, medicina, neuropsicogía, religión, imposiciones sociales... en fin, impresionante conversación. A la mitad de la tarde-noche me invitó a su campamento con sus danesitos-parlante amigos, en donde me fumé un porrín a caraperro - oséase, cuando yo termino de fumar, me lo paso a mí misma - (es que ninguno de los otros chavalillos fumaba), me bebí una cervecita, escuché el repertorio con la guitarra de uno de sus amigos (a destacar una versión del summertime de la que iban traduciendo las letras al danés, entre risas, por el camino: "sommertid, og livet er let..." "sol skinner, og vejret er dejlig...") y no me enteré ni del nodo de qué decían, pero yo con mi porro, más feliz que nadie :)
Día 2: Jueves. Comienza el festival.
A las 8 y media de la mañana, la tienda es una sauna (recuérdese que en este país en verano, sale el sol a las 3:15 de la mañana). Salgo e intento ir a mear a los lavabos (más concretamente las letrinillas de plástico sin cisterna ni nada parecido) de mi campamento - una cola de 30 pibas (que los pibes mean directamente en las vallas). En mi cabeza resuena un madrileño "¿estás de coña?". Así que descubro que del otro lado de mi campamentillo está el parking, y mear entre dos coches se me ofrece como perfecta solución alternativa (a partir de entonces, el parking se convirtió en mi meadero personal; los seguratas de la puerta de acceso ya me conocían :)
El argentino en cuya tienda estoy de acople me ofrece un matecito mañanero, y entre eso y un par de cigarritos, ya se me hace tarde, así que salgo chuscada para el curro. Está en la otra punta del recinto: tardo 40 minutos (impresionantes las dimensiones).
Entro a trabajar a la 13, y pedían que el primer día llegáramos una hora antes, así que yo, en mi línea, aparezco por el local del curro a las 12:45. Me dan dos camisetas azul fosforito que son el uniforme de trabajo y como me sobra tiempo me tomo un cafelillo (que nos lo dan gratis). Por supuesto, combinación de dos camisetas de uniforme nuevitas + café + María resulta en María tropezando y derramando TODO el café sobre ambas camisetas. Como me da vergüenza pedir otras dos diez minutos después de que me dieran las primeras, decido pasarme todo el festival con mi uniforme personalizado... ¬_¬
Comienza el curro: el primer día le echamos todos unas ganas de flipar. Al principio, un par de horillas currando en los campamentos, sonrisa puesta, preguntando en todas las reuniones sociales si me puedo llevar las botellas vacías, metiéndolas en bolsas y de ahí al carrito. Después, llega el infierno. Trasladan a mi equipo de trabajo a una de las puertas de entrada del área de conciertos. No dejan meter botellas (primer pensamiento de una española: "claro, es para que tengan que dejarse las pelas dentro comprando cervezas". Pero estupefacción subsiguiente al observar que los vasos de mini - o en su defecto las botellas de plástico de dos litros cortadas por la mitad - sí están permitidas. Ya, concomida por la intriga, pregunto que por qué. Y es que resulta que cuando se enchuzan los daneses tienen tendencia a tirar las cosas al aire, así que no puedes meter en el recinto nada que retenga el líquido dentro, porque eso pesa y puedes descalabrar al de al lado con aquello de la ley de la gravedad. Pero como el vaso está abierto, el líquido se cae y no hay problema). Así que allí estamos los azul-fosforitos (y yo, azul-fosforita con manchas de café por todas partes), recogiendo las botellas que la gente intenta meter de escondidas en la mochila y los de seguridad descubren. Pero claro, revisar las mochilas de todos lleva su tiempo, y la gente se empieza a acumular en la puerta - no creo que decir miles sea exagerado. Y al líder de mi equipo no se le ocurre otra cosa que ponerme a mí EN MEDIO de la marabunta, mirando al lado opuesto que el resto de la gente, con una gran bolsa de basura y un cartelito de madera con un corazoncito dibujado delante. El nivel de alcohol en sangre de los componentes de la marabunta les impide por supuesto ver el cartelito, así que uno tras otro van tropezando con él y cayéndose encima de mí. (Al tercero llegué a desarrollar un sistema bastante perfeccionado de clasificación "este-se-cae/este-no-se-cae" para poder preveer y por tanto evitar a los vikingos de dos metros borrachos cayendo sobre mi persona).
Acaba el turno y como hemos recogido alcohol para parar un tren, nos bebemos unas cervezas, vodka y alcoholazo vario, para calentar el cuerpo y comenzar los conciertos. El líder de mi equipo, pese a la poco brillante idea del cartelito del corazón en medio de la masa, resulta ser interesante: un vietnamita que escapó de vietnam del sur en patera. Y tiene el gen ese oriental que lo equipa con tres cámaras y unas ganas locas de sacar fotos de tantas cosas famosas y lugares turísticos como existan sobre la faz de la tierra. Se van todos en grupo al concierto de guns and roses. Para mí, unos señores que me suenan, y después de mucho pensar, encuentro en mi cabeza un poquito de información: ese es el grupo que canta la canción del final de "entrevista con el vampiro". La verdad es que nunca traspasó las fronteras de mi burbuja, y por tanto no me interesa demasiado. Pero bueno, empieza a las 21:30 y el que yo quería ver (Toumani Diabate) empieza a las 22:30, así que me acoplo y me voy con ellos. Entramos al recinto de conciertos y el vietnamita nos pide, entre susurros y y miradas de reojo alrededor, que nos pongamos de nuevo los uniformes. (de nuevo en mi cabeza el "estás de coña?", pero esta vez no busco solución alternativa y obedezco). Un grupo de azulitos, liderados por el vietnamita, se acerca a las puertas de entrada trasera del escenario para intentar convencer a los puertas de que nos han llamado para recoger botellas en el backstage. No cuela, claro. Pero nos dicen que lo intentemos en la siguiente puerta. Lo intentamos, y cuela, y sin comerlo ni beberlo nos vemos en mitad del área de prensa y famosos de la parte trasera del escenario. Las danesas de mi equipo de trabajo se empien a volver locas porque está lleno de actores famosos daneses, y se van con el vietnamita y sus tres cámaras a hacerse fotos con todos ellos. Yo, como no conozco ni a paco me aburro, me hago un porro y me siento con una italiana en un sofá comodísimo de la caseta oficial de "Sony Music" a fumar como una cerda :)
El concierto se retrasa. Parece que el cantante ha tenido problemas en llegar a tiempo porque el día anterior fue arrestado en Suecia por morder a un segurata en una pierna... O_o
(aquí dejé el draft hace unos días y ahora lo retomo, pero prometo intentar concluir en breve... cómo me puedo alargar tanto es algo que se me escapa)
En fin, que de repente empieza el concierto, y el vietnamita y compañía deciden que tenemos que verlo, así que salimos por la puerta de la zona de prensa que da al escenario. Y voilá, el muerdeseguratas a 20 metros. Y la italiana medio tirándose de los pelos: "oh, my goooood!!! we are sooooo clooooose!!!". Así que entre ella y el vietnamita, a codazos, nos posicionamos delante de la masa, en el mejor sitio para ver el concierto.
- vaya, vengo hoy a escribir un nuevo post y me encuentro con esto a medio terminar... creo que lo voy a subir igualmente, porque si no nunca voy a seguir actualizando. Digamos sólo, para concluir, que Roskilde fue estupendo. Que me maté a trabajar (porque los doscientos y pico eurazos que vale la entrada me sirven a mí para sobrevivir un mes entero, así que preferí currar y tener la entrada gratis) pero valió la pena hasta la última gotita de sudor. Un tiempo estupendo, una música genial y un buen rollo alucinante... deberíais venir todos para acá el año que viene!!